viernes, 25 de julio de 2014

La pena de ser católico en México

Dediqué mis tesis de maestría (En el nombre de Dios. Religión y democracia en México, Instituto Mora) y doctorado (Religious elites and political regime change in Latin America, Fordham University, hay edición en español como Religión y política en América Latina) a demostrar que entre los 1960 y los 1990 hubo en la Iglesia católica en México un notable esfuerzo de la última generación de obispos designados por Juan XXIII y Pablo VI para contribuir a la democratización de México. Este esfuerzo fue más notable pues lo habían hecho a pesar de no contar con los recursos materiales y simbólicos que contaron los obispos de Argentina y Venezuela en el mismo periodo.

Fueron investigaciones a las que dediqué por lo menos cinco años de mi vida, pues mucha de la información no era fácil de obtener, especialmente en el caso de Venezuela y Argentina. Quien crea que soy enemigo de la Iglesia, como dicen los señores del Yunque y sus inefables cuquitas, sólo lo pueden decir desde la profunda ignorancia de mi trabajo y mis intereses.

La tesis de doctorado la hice en Estados Unidos, en los momentos en que se desplegaba en ese país la peor parte de la crisis por la pederastía de algunos clérigos católicos. Fueron años muy difíciles para las diócesis de ese país. Boston, una de las más golpeadas, debió vender muchas de sus propiedades, cerrar escuelas o vender hospitales. En el caso de la arquidiócesis de Nueva York me tocó ser testigo del cierre de templos en el Sur del Bronx porque la arquidiócesis no tenía el dinero para hacer frente a las demandas. Esos cierres eran más dolorosos porque el Sur del Bronx es una especie de colcha de abuela hecha de parches procedentes de todos los países de América Latina, de África y Asia. Los cierres de las parroquias y/o las escuelas de las parroquias en el Bronx implicaban golpes a comunidades que dependían de los espacios, así como de los muchos servicios que ofrecen las parroquias católicas en EU, especialmente a los migrantes, que empiezan desde las clases de inglés gratuitas e incluyen otras ayudas.

A pesar del dolor y el costo que tuvieron esos escándalos, que todavía no acaban, como lo demuestra la situación en la diócesis de Saint Paul-Minneapolis, creo que--en términos generales--la Iglesia de EU tuvo una admirable capacidad para reinventarse. Y lo hizo de tal modo que, en primer término, admitió sus errores y reencontró la ruta para hacer patente su compromiso con los más pobres, con los más necesitados, con quienes se encuentran más desamparados.

Acá en México, hemos vivido en fechas recientes una crisis de menores proporciones; pues ninguna de las diócesis o las órdenes implicadas en los abusos han debido vender cosa alguna. El sistema de justicia mexicano es como un dado cargado, de modo que siempre cae del lado de quienes tienen los contactos y/o los recursos para evitar las sanciones y gracias a ello, las diócesis y órdenes religiosas mexicanas han salido sin un rasguño y lo han hecho incluso a costa de las diócesis de EU. Ese fue el caso de Nicolás Aguilar, un perverso cura que depredó niños en las diócesis de Tehuacán y Ciudad de México, así como en la de Los Ángeles, California. Donde hubo juicio, fue en California; la diócesis que pagó los platos rotos fue la de Los Ángeles, aunque Aguilar cometió sus crímenes a ambos lados de la frontera y (al menos) en esas tres diócesis.

A pesar de ello, en el contexto de la crisis de los niños migrantes, la más severa crisis humanitaria que hayamos vivido en los últimos 30 años en México, la voz de la Iglesia es la voz de los padres Solalinde, Pantoja y González. No hay algo parecido a una voz de los obispos como sí la hubo en los sesenta, setenta, ochenta e incluso hasta los noventa, cuando se trató de democratizar a México. Y quien venga con la mentira de que ellos han recibido algún apoyo de la CEM que se cuide, pues hay evidencia abundante--previa a la crisis--de que no es así y de que, más bien, a Alejandro Solalinde lo han acosado por todos los medios al alcance de la Conferencia del Episcopado Mexicano, como también lo han hecho con el padre Tomás González. El padre Pedro Pantoja disfruta de una relativa calma. La razón de ello es que su obispo es mons. Raúl Vera, OP, obispo de Saltillo, Coah., quien es la proverbial excepción que confirma la regla de mezquindad que priva en el episcopado.

Da pena, de este lado del río Bravo, decirse católico... Da pena tener un episcopado tan mezquino e incapaz de la más elemental muestra concreta de solidaridad. Da pena que, en menos de 30 años, haya ocurrido un cambio tan profundo en la conducta de la Conferencia del Episcopado Mexicano que haya pasado de ser crítica de los excesos y abusos cometidos en México a ser un elemento decorativo. Lo ha sido mientras busca deseseperadamente reformas de los artículos 3, 24, 40, 130, que le garanticen nadie sabe qué. Y esto lo digo, porque ni siquiera en los países donde la Iglesia tiene lo que los obispos mexicanos quieren (como Argentina) se han evitado cambios como los que se viven en materia religiosa en México.

En los días previos a la llegada de mons. Pietro Parolin, el cardenal a cargo de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, la CEM hizo circular un documento frente al que no sabe uno si se debe reír o llorar. Fechado UN AÑO ANTES (en 2013), el documento instruye a los sacerdotes responsables de la pastoral de migrantes (pomposamente llamada "pastoral de la movilidad humana"), a que vayan a los DIF nacional, estatales y municipales a pedir recursos para atender a los niños migrantes.

El documento habla también de crear refugios en lugares que ni precisa ni identifica. Todo un monunento al rollo, que sólo demuestra que no se entiende ni la magnitud del problema, ni el hecho que si el DIF no tiene recursos para atender a los niños mexicanos, mucho menos los tendrá para atender a los niños centroamericanos...



Las dos imágenes del documento se descargaron de: http://www.cem.org.mx/articulos/1708-carta-en-referencia-el-coloquio-mexico-santa-sede-sobre-migracio.html

Esta respuesta tan frágil, uno podría decir incluso que improvisada y desatenta a lo más elemental del mensaje del Evangelio, contrasta--en un sentido--con la gravedad de la crisis que se vive, que no involucra sólo a menores de América Central, también a niños mexicanos. Sin embargo, el principal contraste es con el despliegue de recursos materiales y simbólicos que ha hecho tanto la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, como distintas diócesis.

Ese despliegue no es novedoso ni oportunista. La más reciente expresión del interés de los obispos de EU en este tema ocurrió cuando el cardenal de Boston, mons. Seán Patrick O'Malley, acudió el 2 de abril de 2014, al frente de una docena de obispos de distintas diócesis de EU, integrantes de la comisión de Migración del episcopado de EU, a quienes se unió el arzobispo de Hermosillo, México, Ulises Macías, nada más. Ahí celebraron una misa que unió a mexicanos, estadunidenses, centroamericanos y personas de otras nacionalidades a ambos lados de la frontera.

Y no ha sido sólo la celebración de una misa. Están, por una parte, una serie de documentos elaborados por los obispos de EU sobre el tema, que se pueden consultar en el portal de la Conferencia. Está también el informe que los obispos de EU presentaron a finales de 2013 luego de una visita a América Central, así como la comparecencia de Mark Seitz, el obispo de El Paso, Texas, el epicentro de la crisis de niños migrantes, ante una comisión del Congreso de EU, a lo que habría que agregar los esfuerzos que distintas diócesis de EU, tanto en la frontera como en diócesis tan alejadas de la frontera como Pittsburgh, Lansing, Michigan, o Nueva York realizan para ayudar a los migrantes. Nada de eso, nada similar, ocurre en México. Ni siquiera lo más elemental, lo más simple, que sería traducir algunos de los documentos de la Conferencia de Obispos de EU, incluso sin necesidad de suscribirlos.

La experiencia de EU, lo mismo que la experiencia mexicana previa a 1994, o la del propio papa Bergoglio es prueba de que hay en la Iglesia y sus obispos la capacidad para renovarse, para emprender, cuando se lo proponen, proyectos de renovación, no sólo de su discurso; también de su práctica, y es un hecho que cuando se lo proponen han logrado evitar tragedias. Ello ocurrió en Chiapas entre 1994 y 2000, cuando los obispos mexicanos contribuyeron a evitar una solución militar al reto planteado por el EZLN. También ocurrió cuando la arquidiócesis de México facilitó las tareas de reconstrucción en la Ciudad de México luego del sismo de 1985. Sin embargo, la indiferencia con la que se ha conducido la Iglesia en México (a pesar de la visita de mons. Parolin) en el contexto de esta crisis humanitaria, es--por decir lo menos--dolorosa.

Qué pena por los jóvenes mexicanos de hoy, que no ven en sus obispos lo que yo llegué a ver en Ernesto Corripio, Sergio Méndez Arceo, Genaro Alamilla, Samuel Ruiz, José Melgoza, Carlos Talavera, Alfredo Torres, además de aquella generación luminosa de obispos de Chihuahua como, mons. Talamás Camandari o mons. Llaguno que se levantaron al mismo tiempo contra el fraude electoral y contra el silencio que les quería imponer el entonces delegado apostólico en México, Girolamo Prigione. Y no es que aquellos hayan sido revolucionarios o radicales o teólogos de la liberación, acaso con la excepción de Méndez Arceo; es que aquellos--los que yo ví y escuché predicar cuando tenía 14 o 17 años o entrevistar en mis años como periodista en El Porvenir de Monterrey y Excélsior--eran hombres que no tenían miedo de hablar.

De ellos, queda uno en activo, mons. Raúl Vera, obispo de la diócesis de Saltillo, nada más y uno más como emérito: mons. Sergio Obeso...

Si alguien quiere encontrar las razones por las que el papa Francisco está en lo justo al criticar el carrerismo de los clérigos y la mentalidad de príncipes que afecta al desempeño de los obispos católicos, sólo tiene que voltear la vista a México para encontrar ejemplos de ello.

Las razones del silencio de los obispos mexicanos en torno a este tema, sólo las conocen ellos, pero las consecuencias las padecen, primariamente, los más pobres, los que huyen de sus lugares de origen por la pobreza y la violencia, y--de manera más general--todos.

miércoles, 30 de abril de 2014

El derecho a criticar, parodiar y calumniar

Hay algo parecido a un movimiento en Twitter y Facebook para acallar, censurar o desaparecer un par de cuentas en esas dos redes sociales llamadas Guarralupe.

Es una cuenta que utiliza imágenes tradicionales del catolicismo mexicano para señalar las contradicciones de la Iglesia católica en México. No comparto el método para criticar, pero muchas de las críticas que hacen quienes controlan estas cuentas acá en Facebook y en Twitter son una respuesta inevitable al legado perverso de corrupción y abusos de la Legión de Cristo, del señor Marcial Maciel y de quienes en México, Estados Unidos, España y en el Vaticano los encubrieron, financiaron y, de una u otra manera, se asociaron con ellos.

Creo que algunas de las críticas son injustas, pues asumen que el universo de lo católico es un monolito en el que no hay diferencias, en el que no habemos quienes nos desmarcamos de Maciel y sus excesos y torpezas mucho tiempo atrás. Sin embargo, que se nos perciba así a los católicos es, en buena medida, parte de ese legado de encubrimiento que los señores Maciel, Bertone, Sodano, Re, Sandri, Mahoney, Rivera, Law, Nicolás Aguilar, entre otros alentaron en México y otros países.

Quienes se espantan de lo que estas cuentas de Facebook y Twitter hacen, deberían haber mostrado alguna disposición a indignarse por los abusos perpetrados o encubiertos por Maciel, por la Legión de Cristo y por varias diócesis de México y Estados Unidos.

En lo personal, hay imágenes que me parecen grotescas y profundamente inmerecidas, especialmente en el caso del papa Ratzinger, Benedicto XVI, quien libró una batalla dentro de la Santa Sede que no pudo ganar en vida de Juan Pablo II, porque los señores Maciel y Bertone tenían los medios para evitar que se les señalara, incluso por el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el entonces cardenal Ratzinger. Pero la batalla la dio, tanto que uno de sus primeros actos como papa fue callar a Maciel, sé que en la lógica del derecho civil y penal, eso no es cosa alguna, pero en la lógica de una institución auto-referencial como lo es la Iglesia católica, sí lo era.

A pesar de ello, creo que quienes manejan estas cuentas en Facebook y Twitter tienen todo el derecho a decir lo que dicen, sin importar si son blasfemias que, de todos modos, sólo pueden ser juzgadas desde la lógica de quienes creen o si son calumnias.

Creo que no se deben imponer límites a la opinión de las personas y creo también que el derecho a comunicar incluye, aunque pueda parecer absurdo, el derecho a calumniar. También creo que ese derecho debe protegerse porque garantiza la discusión de temas que, de otra manera, se acallarían y jamás emergerían en la esfera pública.

También creo que se deben proteger los derechos a criticar y parodiar porque esas formas de comunicación están en el núcleo más importante del respeto a la libertad de expresión, de la construcción de democracias eficaces y de la capacidad que debe tener cualquier institución (incluidas las religiosas) para reconocer sus errores, mejorar, crecer y madurar.

Sin el derecho a criticar, a parodiar, a hacer sorna e incluso a satirizar, lo que queda es el totalitarismo materialista de la la Unión Soviética de los 1970, Cuba o Corea del Norte. Lo que queda es Arabia Saudita, Irán y otras sociedades gobernadas por teocracias islámicas profundamente abusivas e irresponsables... Pero también queda la España de Franco, donde para enterarse de lo que ocurría en Sevilla era necesario leer los diarios de Francia o Italia y donde, a final de cuentas, la protección de la Iglesia, sus jerarcas e imágenes no garantizó cosa alguna.

Es por eso que no creo que tenga mayor sentido que se "exija" el cierre de esas cuentas acá o en FB, porque--a final de cuentas--si se cerraran acá, reaparecerían en otra red social, con mayor vigor y enjundia, y con el bono adicional de haber sido víctima de una forma de censura.

Tampoco me parece que tenga mayor sentido que haya quienes aduzcan ser "católicos" para amenazar a quienes controlan y publican desde esas cuentas y mucho menos si, además de los insultos hay amenazas de uso de violencia contra ellos. Hay en ese tipo de amenazas algo profundamente contradictorio con el espíritu y la letra de los Evangelios que, en todo caso, hablan de la necesidad de resolver las diferencias desde una lógica distinta a la de la violencia.

Ojalá que estas cuentas de parodia cumplan una función que vaya más allá del insulto fácil, pero si sus autores no creen que eso es necesario, están en su derecho de actuar así.

Sé que en esto, como en muchas otras de mis críticas a los grupos más radicales, integristas, intolerantes de mi Iglesia y de las distintas iglesias que se dicen cristianas, estoy en la dolorosa minoría. Lo asumo con todos los riesgos que ha implicado el no dejar de decir lo que pienso, el no engañar y el no contribuir a la cultura lambiscona, zalamera, hipócrita que lamentablemente predomina en el catolicismo mexicano y latinoamericano.

Creo que si las élites del catolicismo mexicano, laicas o consagradas por el orden sacerdotal, desean que se respeten los símbolos de la fe en la que crecí, los primeros que deberían haberse preocupado por evitar los abusos de personajes como Maciel o Nicolás Aguilar debieron ser esas élites y no fue así. Lejos de ello, lo que las élites del catolicismo mexicano impusieron fue la lógica de la línea, del silencio, de cerrar filas y de deshumanizar a quienes como José Barba fueron víctimas o quienes, como Alberto Athié, denunciaron a los victimarios y se toparon en El Vaticano con la maquinaria a las órdenes de los señores Sodano y Bertone.

Incluso cuando los legionarios de Cristo tuvieron la oportunidad de ofrecer una disculpa coherente por las casi seis décadas de mentiras y abusos perpetradas por su fundador, el señor Maciel, optaron por no hacerlo. "Ofrecieron" como lo señalé en este y otros espacios una retahíla de pretextos para no asumir su responsabilidad y, sobre todo, para no ser claros en cuanto a la manera en que evitarían que esos actos se volvieran a cometer y tampoco ofrecieron, mucho menos, alguna reparación a las víctimas de los abusos del señor Maciel.

Esa reparación no tenía por qué asumir la forma de un pago, pero en algunos casos el pago es justo porque quienes han pasado por la experiencia del abuso han visto perder muchoas oportunidades de desarrollo personal o profesional.

En ese sentido, antes que amenazar e insultar, quienes se dicen católicos y desean defender los signos religiosos que objetivamente han sido mancillados deberían preguntarse qué cosa tan grave ha ocurrido en México en los últimos 50 años para que haya quienes recurran a ese tipo de abusos de las imágenes. religiosas. La respuesta no les va a gustar. Lo que ha ocurrido fueron, por una parte, los abusos y por la otra el desinterés por estar cerca de su pueblo, de los más necesitados y el desarrollo de esa mentalidad que tan atinadamente ha descrito el papa Francisco como una "mentalidad de príncipes".

martes, 22 de abril de 2014

Tiempos difíciles para ser católico

Se me hace tan difícil entender el entusiasmo de algunos con la canonización del señor Wojtyla... Es uno de los momentos en mi vida en que más difícil me resulta entender qué hago como católico...

Entiendo y respeto las razones que algunos adelantan para tener algún grado de reconocimiento o respeto por el trabajo que hizo, por ejemplo, para oponerse al comunismo en su país y en Europa del Este, pero--en términos generales--el anti-comunismo rabioso de los años Wojtyla en América Latina fue contraproducente para la Iglesia pues sirvió para que las dictaduras justificaran sus excesos y, sobre todo, para que las clases empresariales, profundamente insolidarias con sus países, se hicieran todavía más insolidarias.

De lo demás, ¿Qué queda? El encubrimiento de Marcial Maciel y de idiotas como Bernard Law, por hablar sólo del caso más evidente (y documentado) de encubrimiento sistemático de los abusos del clero en una diócesis territorial a escala global.

¿Misticismo? ¿En serio? ¿Se puede serlo mientras el barco se hunde y quienes le hacían agujeros a la nave eran los que se supone que debían evitar que la barca se hundiera?

¿El argumento idiota de que "Dios escribe recto en renglones torcidos"? ¿A quién convence en realidad ese tipo de idioteces? Que le digan algo así a la madre de alguna víctima de abuso sexual o que se lo digan a alguna víctima de abuso sexual. Lo que es peor, con ese argumento, uno termina por justificarlo todo. Por ejemplo: para que los alemanes conocieran la prosperidad sin límites que disfrutan ahora era necesario el Holocausto y todos sus excesos.

¿En serio? Esas son filosofías de la historia bastante chafas que no resisten el menor análisis histórico serio, de fondo. Algunas razones las encuentra uno, paradójicamente, en lo que el propio señor Wojtyla decía cuando recordaba a las víctimas del Holocausto en su país.

¿Qué queda en realidad del legado del señor Wojtyla? Habrá quien me diga que los milagros. Ese es un terreno en el que prefiero no entrar, me recuerda demasiado el pasaje aquel del mago en los Hechos de los Apóstoles. Respeto que haya quien atribuya la salud de algún ser querido a la intervención del señor Wojtyla, pero me resullta muy difícil disociar esa posible intervención (que no puedo comprobar), de lo que sí se puede comprobar de la vida pública y privada del señor Wojtyla.

Lo único que me duele de su canonización, a final de cuentas, es que el papa Francisco que efectivamente nada tuvo que ver con la orgía de abusos que fue el pontificado del señor Wojtyla tenga que pagar los platos rotos de las críticas y las condenas.

Entiendo su posición como la reacción inevitable a las presiones de las alas más conservadoras y estúpidas de la Iglesia que ven en Wojtyla un espejismo.

Al menos para mi, son tiempos difíciles para ser católico y darle algún sentido a esta ceremonia...

lunes, 21 de abril de 2014

De cómo bloqueaba el gobierno CNN, hace 20 años

En 1994 cubrí para Excélsior las elecciones en Sonora. Me hospedé en el que en ese entonces era uno de los hoteles más grandes de Hermosillo, sobre el Boulevard Pitic. Creo que era, en ese entonces Holiday Inn o Fiesta Americana o alguna cadena de ese tipo. Me interesaba que, además de poder descansar seguro, por la laptop (en ese entonces un verdadero lujo) y la cámara (más bien chafa) con la que viajaba, pudiera ver qué decían en CNN de las elecciones en México.

La mañana del día de las elecciones hice los recorridos de rigor por Hermosillo y luego salí rumbo a Magdalena de Kino y algunos otros lugares al norte de Hermosillo, sin llegar a Nogales, la frontera.

Algo que me hace tener muy buenos recuerdos de aquel viaje, fue ver a a miles de sonorenses aguantar, como camellos (lo digo con respeto y admiración) los calores de su tierra en pleno verano. Era un calor que hacía que mi chilango corazón se derritiera y buscara, rapidito, el consuelo ficticio del aire acondicionado en el taxi en que viajaba, apenas tomara yo alguna foto y la opinión de algún sonorense que estoico aguantara el calor que yo no toleraba.

Sin embargo, algo que recuerdo con mucho enojo de aquel viaje fue que, al llegar al hotel, había entrado en efecto una orden de la Secretaría de Gobernación por la que se disponía el bloqueo de la señal de CNN, que--en los noventa--era lo más cercano que uno podía tener a Internet. Me peleé, como suelo hacer, incluso con el gerente del hotel, pero me hizo ver que aunque todavía tenían una antena parabólica, de aquellas gigantes que estuvieron de moda en los ochenta, la señal de TV la recibían del sistema de cable local en Hermosillo.

                                              * * *
La idea era muy sencilla de comprender. La elección de 1988 había concluido con la estela de acusaciones aquella que sucedió a la declaración de Manuel Bartlett, hoy flamante senador de la izquierda (jajajaja, la izquierda) de que el sistema se había caído. No querían que uno pudiera ver CNN y enterarse del resultado de alguna encuesta que contradijera la información que iba a dar el ya para entonces IFE.

Quizás haya mucho de paranoico en mi actitud. Seguramente también lo hay de parte de quienes, por ejemplo, banalizan el Holocausto al disfrazar a Enrique Peña con uniforme nazi, e incluso también algo de mano negra de Telmex o de Televisa en las protestas contra la ley secundaria de Telecomunicaciones. Me imagino que lo que los monopolios prefieren es nula legislación o algún petardo que les permita cometer los abusos que cometen ahora de manera impune.

Sin embargo, a sabiendas de ese posible riesgo de mano negra, no deja de preocuparme que lo que se esté cocinando ahora sea el regreso a aquellos años en que el Supremo Gobierno podía decretar sacar del aire a CNN de los entonces muy limitados sistemas de TV de paga, pero ahora hacerlo con Internet.

No es que sean sólo las dictaduras las que lo quieran hacer. Francia, por ejemplo, la república bananera del G-7, también tiene una legislación que limita mucho el acceso a fuentes de información no oficiales en días de elecciones. La ventaja que tienen los franceses es que pueden conseguir la información vía Bélgica, Suiza o incluso Luxemburgo. Estados Unidos vive su propia pesadilla con los abusos de la Agencia Nacional de Seguridad, que no tiene demasiado sentido detallar aquí.

A mí me da la impresión que, en un escenario de bloqueo de la internet o de segmentos de la Internet, nosotros no contaríamos con esas ventajas, con la excepción, claro está, de quienes vivan cerca de la frontera norte, que quizás podrían tener acceso a las redes de EU.

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Sin caer en excesos, con el breve documento que publicó en Facebook Raúl Trejo Delarbre en mente, creo que sí vale la pena expresar alguna idea u opinión acerca de la necesidad de preservar algo de la libertad que hemos ganado en estos años.

viernes, 21 de marzo de 2014

¿Quién maquilla los mensajes del papa en español?

Las notas en francés e inglés de la homilía del papa en la misa con las víctimas de la mafia son inequívocas en su mensaje a los mafiosos: conviértanse y dejen de pecar. La nota en español, en cambio, es un monumento a la hipérbole.

Eso lo reflejan también las notas que publican los medios en cada una de esas lenguas. ¿Por qué tanto miedo de los editores en español del sitio de noticias de la Santa Sede? ¿A quién le interesa ponerle una sordina a la voz del papa en español? ¿Qué ganan al diluir la claridad de un mensaje tan sencillo?

La nota en inglés es clara, aunque podría serlo más: "Pope prays with victims' families, entreats mafia members to change lives" -> El papa ora con las víctimas de las familias y emplaza a los miembros de la mafia a cambiar sus vidas, y la prensa en inglés (al menos la de Estados Unidos) lo deja más claro: El Papa advierte a los mafiosos, arriesgan terminar en el infierno .

En francés: "Le Pape appelle les mafieux à la conversion" -> El papa llama a los mafiosos a la conversión y la claridad del mensaje se nota también en lo que publica Le Monde: "El Papa a los mafiosos: conviértanse, dejen de hacer el mal"

En español, en cambio, los editores de la Santa Sede ponen un encabezado soporífero, somnífero: "Oración del Papa por todas las víctimas inocentes de las mafias", afortunadamente los medios en español no le hacen mucho caso a lo que dicen quienes editan al papa:

El papa a los mafiosos: "dejad de hacer el mal; convertios"...

El Papa y un mensaje a los mafiosos: "Dejen de hacer el mal, conviértanse"...

Mensaje del Papa a la mafia: "Dejen de hacer el mal, conviértanse"...

¿A quién le interesa maquillar tanto los mensajes del papa en español?

jueves, 27 de febrero de 2014

Las protestas a favor del Chapo

Lo peor que podría hacerse es ver las manifestaciones del 26 de febrero de 2014 en Sinaloa como una espontánea expresión de apoyo al jefe del Cártel de Sinaloa. No es que no haya simpatía por él. Después de todo ha dispensado millones de pesos a varias decenas de autores de música de banda para que canten las maravillas de su reinado de terror en el Oeste salvaje de México.

Tampoco creo que quienes se movilizaron lo hayan hecho obligados a punta de pistola, ni nada por el estilo. Todo lo contrario. Si algo quedó claro hoy en Sinaloa es que la pax narca, tiene orígenes, bases sociales como las de la dictadura o la democracia o cualqueir otra forma de dominación, legítima o ilegítima, que no dependen sólo del uso de la violencia, sino de complejas dinámicas de representación, gestión de recursos, materiales, simbólicos o económicos, así como acuerdos--formales o informales--de los narcotraficantes con otras élites, locales o nacionales.

Las manifestaciones en Sinaloa, fue una demostración de fuerza, de capacidad de movilización y de recursos que no quiso ser violenta, como los bloqueos de Guadalajara que ocurrieron en las postrimerías del gobierno de Calderón, que no trataban de sembrar el tipo de miedo que caracteriza la dominación narca al estilo del Cartel del Golfo y de los Zetas en Nuevo LeónTamaulipas y otros estados del oriente de México.

Fue una demostración de fuerza acorde con algunas de las últimas palabras que se tienen registradas de Joaquín Guzmán antes de ser internado en el Penal de La Palma, en Almoloya, Estado de México, cuando desdeñoso tomó distancia de los que antes fueron sus aliados en la lucha contra los Zetas, la Familia Michoacana, al llamarlos "rateros mugrosos".

El objetivo es el mismo de siempre: demostrar que son un mal necesario, que ellos son buenos y que si hay violencia, será porque otros (los Zetas o lo que queda del cartel de Juárez) o el gobierno, por medio del Ejército, la Policía Federal Preventiva o la Marina deciden intervenir la estructura de operaciones del Cartel de Sinaloa.

Podría ser también un aviso de lo que podría ocurrir si a Guzmán le aplican el verdadero terror de los narcos mexicanos: la deportación a Estados Unidos donde, sin importar su poder en México, se convierten en un recluso más, sin los privilegios que tuvo el propio Guzmán en el penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, del que se escapó, o los que ahora disfrutan Elba Esther Gordillo en los penales del DF, o Andrés Granier, el exgobernador de Tabasco en el de Villahermosa.

Lo que es un hecho es que tanto el gobierno federal como el del estado, tendrían que estar muy conscientes del reto que se les ha planteado y responder a él de manera inteligente y mesurada.
Sin embargo, sin dejar de reconocer la magnitud de ese reto, está también el problema de la docilidad con la que los sinaloenses acudieron a la cita y cumplieron con el requisito de acudir de blanco. ¿Qué los hizo cumplir?

Algunas cuentas de twitter, sospechosas por su reciente creación y el interés en defender la movilización, decían, unas de buena manera otras con insultos y agresiones verbales, que era el miedo a que Los Zetas tomaran las plazas sinaloenses.

Esa es una explicación, más bien pretexto, muy parecido a la que dieron quienes desde la diócesis de Apatzingán, desde el gobierno de Michoacán y desde otras instancias alegaban a favor de las auto-defensas michoacanas  que, ahora mismo, amenazan con entrar armadas a Morelia.

El común denominador de estas "explicaciones" es la muy conocida y documentada desconfianza que la mayoría de los mexicanos tiene en las instituciones públicas, con la relativa excepción de las fuerzas armadas, pero ello hace que sea muy importante que lejos de ceder la plaza como ocurrió hoy, los tres niveles de gobierno en Sinaloa encuentren la manera de reconstruir el tejido social y la confianza en sus acciones.

El Gabinete de Comunicación Estratégica, por ejemplo, publicó en estas fechas un estudio que señala que aunque la mayoría de los mexicanos (74 por ciento) considera muy importante la captura de Joaquín Guzmán, un 68 por ciento considera que podría fugarse de nuevo de la cárcel y poco más del 40 por ciento considera que su captura traerá consigo una nueva ola de violencia en el país, misma proporción--por cierto--que duda de la veracidad de la captura.

Debilitado o no por la captura de Joaquín Guzmán, el Cartel de Sinaloa entiende que, además de la ventaja que le da la cercanía a frontera y la orografía agreste y difícil de la Sierra Madre Occidental, su fortaleza depende es esa docilidad que mostraron los sinaloenses que, disciplinados, salieron a exigir la liberación del capo, al tiempo que recibían el proverbial plato de lentejas de manos de encapuchados que distribuían alimentos..

Fue esa dócil cooperación de la gente lo que se quebró en Michoacán y no se quebró, lamentablemente, porque se haya cobrado conciencia de la gravedad del daño causado por la Familia Michoacana a México y a otras sociedades. No. Se quebró porque quisieron ordeñar de más la ubre o, como lo dijeron a Proceso los líderes de las auto-defensas, "todo detonó cuando el narco abusó de nuestras esposas e hijas".

En ello va implícita una moraleja: los mexicanos de a pie parecerían estar dispuestos a ser parte de complejas cadenas de producción y distribución de drogas, así como de creación y sostenimiento de circuitos de trata de personas, siempre y cuando no se toque a sus familias.

Es útil saber que en el universo de absoluto relativismo moral (¡sí es un sarcasmo!) en el que vivimos en México hay algo parecido a un límite, pero es una pena que la visión sea de tan corto plazo que no alcancemos a ver más allá de las familias y que sólo eso pueda detonar algo parecido a la ruptura de la pax narca que, de todos modos, será sólo el reciclado de una élite de narcotraficantes, asesinos y tratantes por otra.

Eso es, me parece, lo que incluso la diócesis de Apatzingán y otras diócesis de Michoacán han perdido de vista en la euforia de su intervención del lado de las auto-defensas: La Familia Michoacana fue una organización que se presentaba como una auto-defensa michoacana ante los excesos y abusos del Cartel del Golfo y los que fueron su brazo armado, Los Zetas, y que actuaba--al menos hasta 2009--como aliada del Cartel de Sinaloa, que también tenía vínculos con la organización de los Arellano Félix.


jueves, 6 de febrero de 2014

El documento de los Legionarios de Cristo... Más de lo mismo...

Luego de su capítulo, los #legionariosdecristo publicaron hoy un comunicado sobre "la renovación" de esa orden
Repiten peticiones de perdón de instituciones religiosas afectadas por abusos cometidos. que podrían considerarse ya una especie de plantilla, de machote, al que sólo se le cambian algunas palabras y se usa una y otra vez.
Al actuar así, eluden el fondo del problema. Culpan a Maciel de lo ocurrido sin abordar contexto que lo hizo posible.
Nada dicen de la manera en que operaron como iglesia paralela, dominados por una lógica conspiracionista. No hablan de la manera en que hostigaron a modelos pastorales distintos al suyo, a los que desacreditaban con la retahíla tradicional de acusaciones de "ser comunistas", combinada con una teología de la prosperidad centrada en el culto a la personalidad de Maciel.
Nada dicen de la manera en que se amasaron, a golpe de simonía, la fortuna que llegó a controlar Marcial Maciel.
Tampoco dicen cosa alguna de la manera en que Maciel operaba esquemas de defraudación fiscal, que eran los que sostenían la doble y triple vida del fundador y que hubieran sido imposibles sin la participación de otros altos cargos de la orden y de Regnum Christi.
Tampoco dicen algo sobre la responsabilidad de los nuevos líderes de la orden en el sostenimiento del modelo pastoral, académico y de operación corporativa que facilitó que #Maciel actuara como lo hizo.
No hay una sola palabra o siquiera la admisión de errores de su parte por las campañas de desprestigio que urdieron contra el expresbítero Alberto Athié y la manera en que lograron que algunos obispos mexicanos contribuyeran a esa campaña. (Acá un ejemplo de la campaña de desprestigio contra Athié)
Tampoco admiten culpa o error por haber hostigado a otros críticos de Maciel y de esa orden.
Ni siquiera admiten que contribuyeron a construir una red de protección para Maciel en el Vaticano. (Acá una nota sobre los sobornos que Maciel habría entregado a la curia vaticana).
La palabra simonía, la "venta" de la trascendencia, que era una de las prácticas más comunes de Maciel, no aparece en el documento de hoy.
Simplemente repiten el modelo de "pedir disculpas" sin aclarar por qué actos, aislados o sistemáticos, es que piden perdón.
Al más puro estilo "pastoral" (sic!) de Maciel, los #legionariosdeCristo le apuestan a la amnesia, a la desmemoria, a hacer como que nada pasó o que si pasó, pasó por culpa de Maciel, y nada más.
El problema no son sólo los excesos o los abusos de los #LegionariosDeCristo. El problema es que, como señaló atinadamente Jean Meyer hace unos días, muchos católicos insistan en exculpar a Maciel de sus responsabilidades e insistir en que él es la víctima de una campaña orquestada en su contra.

Algo similar a lo que ha ocurrido con el documento de la ONU sobre el abuso contra menores, que lejos de ser recibido con lo bueno y lo malo, ha sido subestimado por medio del recurso de cuestionar la autoridad moral de ONU o de quien quiera que ose criticar a Maciel.
Y es cierto, Jesús defendió en el Evangelio a la mujer adúltera (Juan 8 1-11), cuando pronunció aquellas palabras de "quien esté libre de culpa...", pero ese tipo de misericordia a la que ahora le apuestan los legionarios nunca existió de parte de ellos en los esquemas y juegos maniqueos con los que atacaron y denostaron a quienes ellos veían como sus enemigos dentro de la propia Iglesia en los 1970, 1980 y 1990.
Incluso habría que preguntarse qué tanto podrían los legionarios cumplir con una de las condiciones del perdón dado por Jesús a la mujer adúltera (cuando le dice, "vete y no peques más"), habida cuenta que los nuevos líderes de la orden son discípulos y protegidos de Maciel, según lo señala John Stegnicki, sacerdote ex legionario entrevistado por The New York Times luego de que se conocieda el documento.
Por lo que se ve en el documento publicado hoy por los herederos del universo legionario, no hay tal arrepentimiento ni reconocimiento de la culpa y de la responsabilidad por el daño que causaron a muchos...
Pero amplios sectores de la feligresía católica padecen síndrome de mujer golpeada... Ni modo.
Y un último punto, 
ya que #LegionariosdeCristo dizque admiten culpas, ¿qué tal si los obispos mexicanos que les ayudaron y protegieron durante cerca de 50 años también admiten culpas? Aunque fuera como hicieron los legionarios hoy.
Esto es más relevante cuando se considera que apenas hace unos días el arzobispo emérito de Guadalajara, Juan Sandoval Íñíguez dijo haber estado al tanto de los excesos de Maciel desde la década los 1950, cuando Sandoval estudiaba en Roma. 
Y puedo entender que un seminarista en Roma en los cincuenta se haya tenido que quedar callado, ¿pero el poderoso arzobispo y cardenal de Guadalajara a qué le tenía miedo en los 1990 o la década pasada? ¿por qué tuvo que esperar a que Maciel muriera para decir esta boca es mía? ¿A quién más protegió Sandoval con su silencio todos estos años?